Oscura la mañana, el hedor del alma sobresaltada inquietaba todo su ser. Carlos Reyes Lamouth soñaba con no bregar algún día. Con experimentar una jornada sin agonía, sin el joseo permanente que retrataba su vida. Desde el alba el primer pensamiento, la jodida agua para bañarse con las dos o tres cubetas, que siempre tenían un dejo a detergente y aceite de palma. El desayuno preñado de las mismas aburridas cosas de esta desgraciada canasta básica que le hartaba. Le producía un tedio universal en sus ya mono saturadas papilas, cansadas del yaniqueque , el salami popular y los víveres eternos.
Hacían de su alma, …









