El reencuentro era un bálsamo. Meses sin verse les disparó una obsesiva necesidad de caricias, una compulsión de frotar sus cuerpos humedecidos por el deseo. Placer emanaba por toda la habitación. Anselmo Paulino Roncones junto a Claudia Pedralles, su fiel asistente y amante, copulaban nuevos versos en su tórrida relación. Ser sin tiempo, se besaban como posibles sobrevivientes de la guerra del fin del mundo.
El botón nuclear. El periplo imaginario por los nueve círculos del inframundo del Dante desde el Vaticano, previo al año santo. Irán con sus ennegrecidas mantas con voluntad de final. El sionismo como utopía soñada por Anselmo, negado …








