En esta imperfección de la existencia. Sorbos de un aromático café Monte Real acariciaba mi paladar en una mañana cualquiera. De repente un quiebre inusitado de la calma se revela. Un temblor de 5.1 en la escala de Richter sacude la tierra. Me quedé paralizado en una nauseabunda espera. Toda la exhibición en las oficinas a mis espaldas brincaba, se revolcaba llena de vida y coraje. Al filo de la navaja fotografías de familia y seres queridos surcaban mi hipotálamo. Luego de breves segundos; la calma. La realidad tectónica y la factibilidad de un desastre de magnitud en la dolorosa posibilidad de la isla. Entre …









