Reflexivo. Con los años a cuesta, con el peso de las arrugas de su prolífera experiencia observaba incrédulo los cielos de la ciudad. Con garbo, junto al terror de los tiempos frotaba sus Florsheim imperial al caminar sobre los adoquines de barro de la calle Las Damas. Iba rumbo a la plaza España al encuentro de Claudia Pedralles, su fiel asistente y desde hace una temporada también su amante. Era lunes. Una mañana fresca con un dejo a intrascendente. Intrascendencia repetía Anselmo Paulino Roncones en sus adentros. Como flashes, en una metáfora de ubicatex les llegaron las palabras del gran estoico Marco Aurelio: "Qué rápido …









