El entierro de los muertos. Nueva York frío y atomizado por los tiempos. El consejo de seguridad de las Naciones Unidas versaba sobre el caso Haití. Por no se sabe ya cuantas sesiones se volvía hacia un eterno retorno. Nada. Sin tierras raras, sin oro, sin litio o cobalto aquél conglomerado bestial a nada ni a nadie le importaba. Ni a ellos mismos ya. El pleno, victima del frío, dejaban desfilar las palabras como huecas planchas de plywood chino. Que decenas de niños haitianos fallecieran en sus incubadoras tras nacer por falta de electricidad no significaba nada realmente. En pleno siglo XXI de la era …









